¿Puede un bosque ayudarnos a sanar? La ciencia dice que sí
- 13 feb
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Actualizado: 4 mar
Cuando una persona sale de su zona de confort, el cerebro activa el sistema de alerta. Aumenta el cortisol, se acelera el pulso y la amígdala entra en modo vigilancia. Esta activación es normal y adaptativa.
El problema aparece cuando es tan intensa que bloquea la toma de decisiones, la regulación emocional y la capacidad de afrontar retos.
Sin embargo, cuando el desafío ocurre en un entorno natural, sucede algo distinto.
Desde los años 80, Japón desarrolló un enfoque terapéutico llamado Shinrin-Yoku “baño de bosque”, que hoy forma parte de sus estrategias de salud preventiva. No se trata simplemente de pasear por el campo, sino de una inmersión consciente en el entorno natural para favorecer la regulación fisiológica y emocional.
Las investigaciones del inmunólogo japonés Qing Li demostraron que pasar tiempo en bosques aumenta la actividad de las células NK (Natural Killer), fundamentales para el sistema inmunológico. Años antes, el psicólogo ambiental Roger S. Ulrich observó que los pacientes hospitalizados con vistas a espacios verdes se recuperaban antes y necesitaban menos analgésicos.
Más recientemente, estudios de neuroimagen como los de Gregory N. Bratman y Simone Kühn han mostrado que caminar en la naturaleza reduce la rumiación de pensamientos depresivos y disminuye la activación de la amígdala.
Es decir: el cuerpo puede activarse ante el reto, pero sin entrar en colapso.
Ahí empieza el cambio.
Naturaleza y ruptura de patrones neuronales
Salir de la zona de confort suele asociarse a ansiedad. Pero si el entorno regula el sistema nervioso en lugar de sobre estimularlo, la experiencia cambia.
La naturaleza favorece la activación del sistema parasimpático, reduce la presión arterial y ayuda a restaurar la atención y la claridad mental, como describieron Rachel Kaplan y Stephen Kaplan en su teoría de la restauración atencional.
En términos prácticos: el joven se enfrenta a algo nuevo, pero en un contexto que transmite seguridad. Esa combinación permite romper con los patrones neuronales asociados a la exploración fuera de la zona de confort. Y cada experiencia positiva debilita el patrón previo de bloqueo.
Salir de la zona de confort deja de ser una amenaza y empieza a convertirse en una oportunidad.
Terapia de naturaleza y aventura: más que aire libre
La terapia de naturaleza y aventura no consiste simplemente en “estar fuera”. Se basa en experiencias estructuradas con tres fases:
Preparación: establecer objetivos y anticipar desafíos.
Acción: afrontar el reto en el entorno natural.
Reflexión: integrar lo aprendido y transferirlo a la vida cotidiana.
Las actividades al aire libre activan el cuerpo, liberan endorfinas, mejoran el sueño y reducen el estrés. Pero, además, fortalecen la autoestima, la resiliencia y las habilidades sociales.
El entorno natural facilita la cooperación, la pertenencia al grupo y la conexión emocional, factores clave en jóvenes que atraviesan momentos de bloqueo, desmotivación o consumo.
El modelo TERONCA
En TERONCA, la naturaleza no es un complemento. Es el contexto terapéutico donde ocurre el cambio.
Combinamos terapia en la naturaleza, experiencias de aventura, psicoterapia individual y grupal, y actividad deportiva estructurada. El objetivo no es solo que el joven “esté mejor”, sino que viva experiencias reales de conexión y regulación emocional. Fusionar el entorno natural genera un tratamiento integral para jóvenes con adicciones o con malestares emocionales.
Además, permite que los jóvenes disminuyan su estado de alerta y se abren con mayor facilidad. Esto nos permite que, la identificación del origen del malestar emocional quede más expuesto y sea más sencillo acceder a él, para darle las herramientas emocionales que realmente necesita. De esa forma, ya no tendrá que recurrir a métodos de evasión, si no que será capaz de manejar las situaciones sin necesidad de huir de ellas.
Porque a veces el primer paso para sanar es salir fuera. Respirar. Mover el cuerpo. Y descubrir que uno puede hacer cosas que antes parecían imposibles.
Referencias
Li, Q. (2010). Effect of forest bathing trips on human immune function. Environmental Health and Preventive Medicine, 15(1), 9–17.
Li, Q., et al. (2008). Visiting a forest, but not a city, increases human natural killer activity and expression of anti-cancer proteins. International Journal of Immunopathology and Pharmacology, 21(1), 117–127.
Ulrich, R. S. (1984). View through a window may influence recovery from surgery. Science, 224(4647), 420–421.
Bratman, G. N., et al. (2015). Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation. PNAS, 112(28), 8567–8572.
Kühn, S., et al. (2021). In search of features that constitute an “enriched environment” in humans: Associations between green space and amygdala integrity. Molecular Psychiatry, 26, 1860–1867.
Kaplan, R., & Kaplan, S. (1989). The Experience of Nature: A Psychological Perspective. Cambridge University Press.
Kaplan, S. (1995). The restorative benefits of nature. Journal of Environmental Psychology, 15(3), 169–182.





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